En cuanto escuchó aquella voz, el corazón de Allison dio un vuelco. El recipiente con la comida que sostenía en la mano estuvo a punto de resbalársele.
Él entró en la habitación y cerró la puerta en silencio detrás de él, manteniendo una mano escondida a la espalda.
Allison estiró el cuello para mirar hacia el pasillo. No había nadie más afuera. El pánico le oprimió el pecho.
—¿Estás loco? —susurró entre dientes.
Jareth se quitó el traje de protección y envolvió a Allison en un fuerte abrazo.
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