Ruth se secó las lágrimas y llamó a Sandra.
Era la una de la madrugada. Sandra se despertó sobresaltada.
Cuando vio el nombre de Ruth parpadeando en la pantalla, se incorporó en la cama. La ira le subió al pecho, pero se obligó a contestar. —Señora Ruth, ¿pasa algo?
Ruth lloraba tanto que apenas podía respirar. —Sandra, siento mucho llamar a esta hora, pero ¿podrías dejarme hablar con Carl solo un minuto?
Sandra soltó un largo suspiro y se llevó la mano a la frente, esforzándose por mantener la