La almohadilla de tinta fue traída con prisa.
Ezra tomó la mano de Sherrie y presionó sus dedos sobre la hoja blanca, uno por uno.
El rostro de Sherrie se torció con lágrimas obstinadas, como si Ezra lo hiciera a propósito para hacerle daño.
Cuando terminaron las diez huellas, se dejó caer al suelo de forma exagerada, como si alguien la hubiera empujado.
Ezra la miró con frialdad. —No soy un hombre. Ahorra ese papel de damisela.—
Ronan giró la cabeza y murmuró por lo bajo, —Mujer loca…—
Ezra to