En ese momento, varios haces de luz atravesaron la oscuridad, cruzándose entre sí. Voces lejanas subían por la colina.
Alguien se acercaba.
A medida que las linternas se acercaban, Allison miró a Jareth con sorpresa. —¿No trajiste a nadie contigo?—
Había supuesto que al menos tendría a alguien cerca para protegerlos.
Jareth se levantó y recogió su bastón.
Allison metió la urna en su mochila, se la colgó al hombro y corrió hacia la pendiente trasera del cementerio.
La voz fría de Jareth sonó det