Erika sumergió su cuerpo en la tina de agua caliente y vio cómo las burbujas de jabón envolvían su piel. Cerró los ojos y dejó que el aroma relajante del baño la transportara a otro lugar. Sintió cómo las tensiones del día desaparecían y su mente se liberaba de cualquier preocupación.
Con una copa de vino en la mano, Erika se sintió como una diosa de la sensualidad, entregada al placer. Se permitió disfrutar del silencio del cuarto de baño, solo interrumpido por el sonido de las burbujas que es