La noticia estalló un jueves, y no estalló porque Elara o alguien de su círculo lo hubiera orquestado, sino porque Vienna, acorralada por una periodista de investigación que trabajaba en una historia muy distinta, el rastro financiero del secuestro de Curello, había hecho el cálculo específico y desesperado de que confesar salía más barato que seguir expuesta.
—Quiero dejar claro que no estoy orgullosa de lo que hice —dijo Vienna, en la entrevista grabada que se emitió esa noche, con voz firme