CRUELLA
Mrs. Cushion revisó su reloj por lo que parecía ser la centésima vez mientras me esperaba. Estaba sentada sola en el café, mirando el chocolate caliente ya frío que había pedido en cuanto llegó. No dejaba de preguntarse qué me estaba retrasando. Estaba segura de que había recibido su carta, y hasta la había marcado como urgente, pero casi una hora había pasado y yo aún no aparecía.
Su teléfono sonó. Lo contestó con cierta duda, suspirando al ver el identificador de llamada.
Desde que Zi