CRUELLA
Mrs. Cushion revisó su reloj por lo que parecía ser la centésima vez mientras me esperaba. Estaba sentada sola en el café, mirando el chocolate caliente ya frío que había pedido en cuanto llegó. No dejaba de preguntarse qué me estaba retrasando. Estaba segura de que había recibido su carta, y hasta la había marcado como urgente, pero casi una hora había pasado y yo aún no aparecía.
Su teléfono sonó. Lo contestó con cierta duda, suspirando al ver el identificador de llamada.
Desde que Zina llenó su cabeza con sospechas sobre la existencia de seres sobrenaturales, Mrs. Cushion no había vuelto a ser la misma. Incluso Thomas notó lo distante y alerta que se había vuelto, aunque ella insistía en que no pasaba nada.
Finalmente decidió que debía verme, aunque sabía que quizá estaba cavando su propia tumba si Zina tenía razón. Aun así, confiaba en mí… lo suficiente como para correr el riesgo.
“Zina, estoy un poco ocupada ahora mismo—”
“¡La tenemos!” exclamó Zina, interrumpiéndola.
“¿Q