Temprano por la mañana, la luz del sol brillaba perezosamente a través de la ventana.
A Nicole la despertó su teléfono.
No hacía falta decir que solo Yvette Quimbey le interrumpiría el sueño a estas horas.
Ya que se trataba de ella, Nicole no se enojaba.
Cuando ella contestó la llamada, sonó la voz de Yvette.
“¡Nicole, el Señor Young es tan dedicado! ¡Mis noticias están en todas partes! Jajaja… ¡Ahora todo el país me conoce!”.
La voz de Nicole seguía escuchándose ronca. “No estés tan feliz