Sean atrajo la atención de todos. Algunas miradas eran de envidia, mientras que otras eran comedidas o respetuosas.
Sin embargo, todas tenían una cosa en común: miedo.
La multitud le abrió paso conscientemente a Sean.
Sean no saludó a nadie y se dirigió al fondo.
Tate, quien iba vestido más formalmente que de costumbre, se acercó a Sean y saludó con la cabeza a la pareja.
"Jefe, el viejo amo lo espera dentro".
Sean asintió y entró de la mano de Yvette.
Yvette no sentía curiosidad por ese