Grant colgó el teléfono.
Otro coche se acercó desde la distancia. Era el coche designado de ese restaurante de barbacoa.
Grant entrecerró los ojos. Dos meseros jóvenes salieron del coche y se acercaron con una sonrisa.
“El carbón que ordenó la Señorita Stanton…”.
Los ojos de Grant parpadearon y él asintió.
El mesero le preguntó con una cálida sonrisa: "¿Necesita nuestra ayuda para que te lo llevemos?".
Grant negó con la cabeza. “No es necesario, solo déjalo aquí. Por cierto, ¿ustedes son l