Nicole tenía muchas ganas de entrar en calor junto a una chimenea.
Cuando menos se lo esperaba, el teléfono de Logan se iluminó. Se acercó a ella sorprendido.
“Presidenta, alguien ha aceptado el viaje. Vayamos a subir el coche…”.
Nicole respiró aliviada. Las piernas se le congelarían como paletas si se quedaba afuera un segundo más.
Los dos se dirigieron a la zona de recogida. Ante sus ojos, un lujoso y amplio Lincoln estaba estacionado con la puerta trasera del coche abierta.
Al mirar dent