AARÓN
La risa de Amelia se apagó despacio, pero sus ojos se quedaron fijos en el espejo del vestidor con un brillo de preocupación que me provoco un dolor en el pecho. Su mano no se despegó de la mía sobre la curva de su panza, pero sentí cómo su cuerpo se ponía rígido de repente, como si un balde de agua fría le hubiera caído encima en mitad de nuestra felicidad. La conozco bien después de estos cinco meses compartiendo la misma cama; Sabía perfectamente que cuando ponía esa mirada de distanci