-Señorita Ana… en realidad es usted- sus palabra dichas casi en un susurro, mostraban que realmente estaba feliz de verme, Ángel era un hombre que jamás vería llorar pero verlo así me provocó una gran alegría, sin duda descolocó a los jóvenes
-Caro que si… esos hijos de puta no me matarían tan fácil- dije dejando las formalidades y dándole un abrazo que respondió gustoso, al separarme de él vi esa tristeza reflejada, al escuchar mis palabras- pero no estés triste, que volví con más energías que