Capítulo 2

Solo me mantuve en silencio observando al suelo, en todo momento, aquel hombre me intimidaba me provocaba miedo tan solo mirarlo, algo en aquella mirada oscura provocaba que mis piernas comenzaran a temblar. Que clase de hombre era este, que podía doblegarme con su sola presencia.

¡Arrodillate delante de su majestad! — uno de aquellos hombres que me habían obligado a venir, me golpe las piernas cayendo de rodillas al suelo.

¿Porque no me has respondido? — sentí sus pasos acercándose hasta a mi —¡Habla! —por alguna razón comencé a temblar —Acaso tu mas grande cualidad es la escritura y no el habla.

Puede sentir sus labios recorrer todo mi cuerpo desnudo, mientras siento como tu gran miembro entra en mi sin piedad alguna. Cubres mi boca tratando de ahogar mi voz, siento que en cualquier momento terminare rota en esta cama, mientras sigues usándome, por favor no pares quiero que sigas, no escuches mis suplicas solo sigue, mi señor”

¿Tu escribiste eso? — todavía mantuve la mirada puesta en el suelo — Como alguien puede lograr escribir, en un asqueroso papel, tanta lujuria en tan pocas palabras.

Se lo suplico... — tenia que volver con abuelita — Déjeme ir, su majestad..

No antes de aceptar escribir solamente para mi — volver a escribir eso nunca sucederá —Es mejor vivir aquí que en un bosque, no crees. Te ofrezco comida, una cama caliente y si lo deseas todas las mujeres que pasen por mi cama, con la única condición de que escribas solo para mi.

Lo...lo siento, pero no puedo aceptarlo, su majestad.

¿Me rechazas? — no quería quedarme en este lugar solo quería volver con abuelita.

Se lo suplico, su majestad — no levante la mirada en ningún momento — Tengo que volver, mi abuela se encuentra muy enferma, soy su única familia, tenga piedad.

¿Eres solo un muchacho? — en ese momento tomo mi mentón para observar mi rostro, pero la mascara no se lo permitía— ¿Porque usas una mascara?

Yo… — en ese momento comenzó a deslizarla dejando mi rostro descubierto.

Solo eres un muchacho — sostuvo mi mentón con fuerza —Que todavía no a desarrollado las características de un hombre.

Pude ver como llevo su mano lentamente a mi capucha para quitármela, pero solo aleje su mano de un golpe para salir corriendo, no pude llegar muy lejos ya que los guardias lograron atraparme llevándome nuevamente delante de aquel hombre. El solo se mantuvo parado observándome mientras me arrastraban hasta su presencia nuevamente.

¡Maldito bastardo! — los guardias me arrojaron a los pies del príncipe, quien solo levanto la capucha encontrando mi cabello escondido —¡Una mujer!

Todos los presentes se me quedaron viendo, los mechones de mi cabello caían por mi rostro.

Ahora me dirás donde esta el hombre que escribió todos esos versos — se inclino un poco para tomar con fuerza mi mentón — ¡Habla ya! Porque no soy un hombre con mucha paciencia para las mujeres.

No lo se, su majestad — me tomo del cabello levantándome del suelo — Encontré esos escritos tirados en el bosque.

¡Los robaste! — solo se me quedo viendo fijamente —¡Habla!

No, no su majestad — me tiro al suelo nuevamente — No soy una ladrona.

Podía sentir la mirada de todos los presentes sobre mi, incluso la mirada del príncipe. Su mirada oscura me quemaba la piel, estaba demasiado cerca de el, siendo envuelva por el calor que emanaba su cuerpo.

Llévenla a una celda — unos guardias me tomaron de los brazos, arrastrándome.

¡No, no por favor! — este levanto la mano deteniéndolos — Por favor, se lo suplico, su majestad —como podia seguir manteniendo esa expresión, como si no sintiera ninguna empatía por mi — Tengo que volver con mi abuela, yo no soy a quien busca.

Sera mejor que la encierren en una de las habitaciones — solo pude negar, con lagrimas en los ojos —Los demás prisioneros podrían violarla o matarla, la necesito con vida.

Volvieron a sujetarme, para arrastrarme, de aquel lugar.

¡Suéltenme!, ¡Suéltenme, por favor! — trate de escapar pero era inútil — ¡Por favor, suéltenme!

Fui arrastrada por los pasillos de aquel gran palacio, empujada para subir unas escaleras para terminar en un lugar que se encontraba completamente alejado de las demás personas. Un guardia abrió una puerta para después tirarme dentro de esta, antes de caer al suelo pude poner mis manos en mi rostro para protegerlo del suelo.

Me levante rápidamente del suelo, cuando escuche como la puerta se cerraba detrás de mi.

¡Déjenme salir! — golpe la puerta — ¡Déjenme salir, por favor! ¡Por favor!

Solo pude deslizarme rendida contra aquella puerta.

Por...por favor — dije con algunas lagrimas en los ojos —Ella se encuentra sola, y esta enferma.

Las horas habían pasado y me encontraba apoyada contra la pared mientras abrazaba mis rodillas, tratando de conservar un poco de calor, ya que en la habitación donde me encontraba hacia bastante frio. Levante la mirada cuando escuche como abrían la puerta, la mirada de un soldado cayo sobre mi.

El príncipe quiere verte — solo me quede viendo a aquel hombre — ¡Que no has escuchado!

Se acerco para levantarme del suelo, empujándome a la salida en el camino pude ver con mas detalles aquel lugar lleno de lujos. Porque habían enviado a un solo guardia por mi, podría golpearlo y escapar de aquí, pero como si aquel hombre pudiera escuchara mis pensamientos tomo mi brazo para empujarme a una habitación gigantesca donde los lujos se dejaban ver en todos lados.

Acercate — gire encontrando a aquel Principe sentado en algo parecido a un trono — ¡Que no escuchas que te acerques!

Vamos — el guardia tomo mi brazo, arrastrándome hasta donde se encontraba el príncipe, para arrojarme al suelo.

Espero que hayas podido recordar, quien es el dueño de esos escritos — vi como se levanto sacando una espada de su funda, para llevarla a mi mentón haciendo que lo mirara — ¡Habla ya!

No, no, no lo se, su majestad — podía sentir como el filo de aquella espada recorría mi cuello — Por favor, déjeme marcharme, su majestad.

¿A que familia perteneces? — podía sentir como la espada en cualquier momento cortaría mi garganta —Tu no eres una simple campesina ¿No es cierto?

Yo..yo no tengo familia, su majestad — alejo su espada para guardarla.

¡Mientes! — me tomo del cuello con fuerza obligándome a mirarlo — ¿Piensas que puedes seguir engañándome?

No mentía, nunca pude conocer o saber quienes fueron mis padres ya que la familia de Sir.Froilan me habían dejado en claro mas de una vez, que me habían encontrado en el bosque, y que les debía la vida ya que si no fueran por ellos yo estaría muerta.

Se lo suplico, su majestad — podía notar que se encontraba irritado —Tenga piedad, déjeme volver con mi abuela, ella se encuentra muy enferma.

¿Cual es tu nombre? — sentí como presiono un poco mas mi cuello.

No, no lo se, su majestad — me arrojo al suelo, mientras volvía a sacar su espada de su funda, para poner su punta en mi cuello — Por...por favor no.

¿Cual es tu nombre? — porque nadie me ayudaba, porque todos se quedaban solamente mirando todo — Habla.

No...no lo se, su majestad — pude sentir como una agota se deslizaba por mi cuello, mientras bajaba la punta de la espada hasta llegar al comienzo de mis senos – Por...por favor, fui abandonada a mi suerte desde que era una bebe, esa es la verdad, su majestad.

¿Quien es esa mujer con la que quieres volver? — podia sentir como la punta de aquella espada paseaba por la piel desnuda de mi pecho — Habla.

Fue..fue abandonada, a su suerte en el bosque por sus hijos, su majestad — sentí como la punta de la espada hizo presión en mi pezón — Déjeme volver con ella, por favor, su majestad — pude sentir como presiono un poco mas — Se lo ruego.

Podía notar como su mirada se había quedado en la punta de aquella espada, o mejor dicho estaba viendo el lugar que estaba presionando con esta.

¿Porque tendría que obedecer a una mujer? — pude ver como corto con la espada, los listones que unían la blusa que traía, dejando mis senos al descubierto — Llévenla a mis aposentos.

¿Que? — en ese momento unos guardias me levantaron del suelo — No, no, ¡no suéltenme!

Estoy casi segura que mis gritos se escucharon en todo el palacio, mis manos se encontraban tan adoloridas que sentía que mi piel se terminaría desgarrando, si le daba otro golpe a aquella puerta.

Por...por favor — me deslice hasta quedar en el suelo — POR FAVOR, ¡POR FAVOR QUE ALGUIEN ME AYUDE!

En ese momento pude escuchar como una puerta se cerraba dejado escuchar unos pasos firmes acercarse, solo me aleje lentamente hasta un rincón de aquella habitación llena de lujos, al escuchar como la puerta se había abierto de golpe solo pude cubrir mi boca tratando de ahogar un grito, tenia miedo, miedo de que seria capaz de hacerme aquel hombre.

¿Te encuentras bien? — solo pude hacerme bolita tratando de resguardarme, queriendo protegerme — Tranquila, pequeña no voy a lastimarte.

Con mucha desconfianza levante la mirada encontrando unos hermosos ojos azueles delante de mi, aquel hombre solo me regalo una sonrisa, mientras acercaba su mano a mi mejilla.

Tranquilan, no pienso hacerte daño — no me había dado cuenta en que momento había comenzado a llorar, ya que solo paso su pulgar por mi mejilla para secar una lagrima — ¿Que estas haciendo aquí?

Yo...yo solo quiero volver con mi abuelita — las lagrimas acortaban mi visión — Por favor, déjenme ir.

Te ayudare a volver con tu familia — me sonrió para luego levantarme con mucho cuidado del suelo —¿Puedes caminar?

Si...¡Ah! —la puerta se volvió a abrir de golpe.

Busque refugio entre los brazos de aquel hombre, que estaba dispuesto en ayudarme.

¿Que estas haciendo aquí Tristán? —quería irme de este lugar, quiero volver con mi abuelita — Crei haberte dicho que no te metieras en mis asuntos.

Nuestro padre no a probaría tus actos, Valerian — aquel hombre me protegió con sus brazos, como si no quisiera que aquel príncipe me siguiera viendo — Ya hemos hablado de las cosas que haces, pero esta vez has cruzado el limite.

¡Para un príncipe no existen los limites! — podía notar como se encontraba muy molesto — Te sugiero que la dejes donde la encontraste, y te largues de mis aposentos.

Puedes ser mi hermano, Valerian — levante un poco la mirada encontrándome con la mirada de aquel príncipe — Pero no olvides quien es tu Rey.

Como olvidarlo — se acerco para ponerse delante de nosotros — Ahora puedes dejarnos solos.

No pienso hacerlo — esa mirada, aquella mirada de ese príncipe demostraba enojo e ira — La devolveré a su familia en este momento.

¡Tu no la llevaras a ningún lugar! — me tomo del brazo alejándome de su hermano — No hasta que termine con ella.

No puedes obligar a una mujer a que se acueste contigo, contra su voluntad. Ademas es solo una pequeña — pude notar como presiono el brazo de su hermano logrando que este me soltara, asi que no lo pensé dos veces para esconderme detrás de aquel hombre que estaba decidido en ayudarme — Porque no vas con tu corte de pervertidos, estoy seguro que encontraras a alguien para pasar el rato.

Aquel hombre que decía ser el rey tomo mi mano sacándome de aquel lugar, antes de salir de aquella habitación solo pude voltear para ver por ultima vez aquel príncipe que solo se quedo viéndome fijamente, con esos ojos negros que parecían tratar de retenerme en esa habitacion, aquel príncipe me provocaba mucho temor.

Caminamos hasta la salida de aquel gran palacio, al estar parada frente a el puente, solo pude prepararme para salir corriendo pero aquel hombre sostuvo mi brazo.

Traeré un caballo, aguarda un momento aquí — solo pude asentir, mientras lo vi como se dirigía a lo que parecía ser un establo.

Cerré los ojos para tomar un poco de aire, muy pronto volvería junto con abuelita de seguro se encontraba muy preocupada, o de seguro había pensado que también la había abandonado como lo habían hecho sus hijos.

No grites — alguien cubrió mi boca para arrastrarme nuevamente al palacio — Sera mejor que me obedezcas.

Fui llevada hasta un gran telón que nos ocultaba de las miradas de algunos sirvientes que vieron como fui arrastrada hasta este lugar, donde ninguno pudo ayudarme. Aquel príncipe me puso contra la pared, mientras sentía como se presionaba contra mi trasero.

No te atrevas a gritar — solo podía luchar para que me soltara — ¡Quedate quieta maldición!

En ese momento pude morder su mano logrando que me soltara, al tratar de salir corriendo el me tomo desde la nuca para verme fijamente a los ojos.

Piensas que eso es una mordida —tenia miedo, mucho miedo —Esto es una mordida — rápidamente llevo su rostro a mi hombro, solo pude luchar para quitármelo de encima.

Solté un grito de dolor cuando sentí como mordió mi hombro, por un instinto lleve mi mano a mi hombro notando que en esta había sangre. Al llevar mi mirada a aquel príncipe pude ver como tenia una gota de sangre en sus labios, el solo me dedico una sonrisa para luego limpiarlo con su dedo y llevárselo a la boca.

Deliciosa.

Di unos pasos hacia atrás para echarme a correr nuevamente a la salida de aquel palacio, no me detuve en ningún momento a mirar hacia atrás solo necesitaba escapar de aquel lugar donde se encontraba ese príncipe. Al llegar al bosque solo pude seguir corriendo con dirección a la cueva donde se encontraba abuelita, me encontraba muy cansada pero no quería detenerme.

¡Abuelita! — caí rendida al encontrarme frente la entrada de la cueva — Abuelita, Abuelita.

Me levante del suelo reuniendo todas las ultimas fuerzas que me quedaban, al entrar en la cueva solo pude ver oscuridad por todos lados, camine nuevamente afuera de la cueva, para buscar un mechero que utilizábamos de vez en cuando al encenderlo me dirigí al interior de esta nuevamente.

Ab...Abuelita — no esto no podía ser posible — Abuelita.

Camine lentamente hasta aquella cama donde la había dejado por ultima vez, voltee a los lados encontrando que todo estaba tirado en el suelo, como si alguien hubiera estado buscando algo, tome aquel costal encontrándolo completamente vació.

No...no — rápidamente salí de la cueva para correr al lago, con la esperanza de encontrarla — Abuelita...Abuelita.

Al llegar pude ver como a unos metros de este, se encontraba una pila de rocas con una cruz, que señalaba que en ese lugar se había enterado a un muerto, camine lentamente para tratar de quitar todas aquellas rocas para saber quien estaba enterrado, no, no podía ser abuelita no.

No...no por favor — quite algunas rocas, pero luego solo pude recostarme sobre estas para comenzar a llorar — Abuelita.

No estoy muy segura cuanto tiempo llevaba llorando sobre la tumba de abuelita, solo podía preguntarme como había sucedido todo. Imágenes de ladrones entrando a la cueva por la noche cruzaron por mi cabeza, podía imaginar a abuelita tratando de defender lo poco que teníamos para terminar herida o algo peor por aquellas personas, y todo porque no estuve aquí para protegerla, la había dejado morir sola.

Abue...lita — aquello me lastimaba porque podía sentir el dolor y la soledad que habia sentido, antes de dejar este mundo — Lo siento, te juro que trate de regresar...trate pero aquel hombre no me lo permitió — limpie algunas lagrimas de mi rostro — Todo es mi culpa, Abuelita.

Solo pude quedarme sentada a un lado de aquella tumba, solo podía llorar la muerte de abuelita, si en aquella ocasión no hubiera salido de la cueva esto no hubiera ocurrido, era la única culpable de todo.

La noche ya se encontraba próxima y yo me encontraba recostada sin fuerzas sobre aquella pila de rocas, ya no tenia fuerza alguna, llevaba ya dos días sin probar bocado alguno y permanecer llorando por mucho tiempo de alguna forma me había debilitado, la brisa que comenzó a soplar trajo a mi el sonido de caballos, alguien se estaba acercando.

Pude ver como unos tres hombres a caballo se acercaron a donde me encontraba no tenia fuerzas para huir, no tenia fuerzas para luchar, no tenia fuerzas para hablar, ya no tenia fuerzas para vivir. La única persona que impulsaba mis días ya no se encontraba conmigo, ahora me encontraba sola en este mundo.

Por ordenes de su majestad el Principe Valerian Dragón, se la llevara a palacio en este preciso momento — uno de ellos se bajo del caballo para caminar hasta donde me encontraba — Le rogamos que no ponga resistencia, ya que si pretende mostrar algún tipo de resistencia nos veremos en la obligación de usar la fuerza.

Fui llevada bajo el manto de la noche a aquel palacio, durante todo el camino solo permanecí en silencio, no sabia lo que me deparaba el destino pero sea lo que sea lo tenia merecido, al dejar sola a su suerte a una persona moribunda.

Camine nuevamente por aquel pasillo, sin la luz del dia se veía muy espeluznante, ni la oscuridad del bosque se podia comparar con la oscuridad que habia en los rincones de este gran palacio. Se abrió nuevamente una gran puerta dejando ver solamente la luz de algunas velas, al entrar a aquella habitación pude divisar a aquel príncipe que se encontraba sentado en una cama, mientras una mujer se encontraba vistiéndose.

Su majestad — fui empujado hasta el interior de la habitación — Aquí se encuentra.

Lárguense todos — baje la mirada, quería llorar en ese momento pero ya no tenia fuerzas para hacerlo — No me escucharon, ¡Largo!

Desde donde me encontraba podia escuchar los pasos de aquellos hombres alejarse, al escuchar la puerta cerrarse, sabia que nadie podría ayudarme.

¿Pensé que ya te encontrabas satisfecho? — escuche la voz de una mujer — Al parecer ya nada te complace Valerian.

Largate —por favor, seas quien seas, necesito que me ayudes.

Con mi mirada puesta en el suelo de aquella habitación vi unos pies quedarse delante de mi, un toque suave tomo mi mentón para levantar mi mirada, al hacerlo pude ver a una bella mujer quien solo me observaba con un poco de curiosidad.

Veo que tus gustos han cambiado, joven príncipe — comenzó a inspeccionarme meticulosamente con la mirada — ahora tu mirada se encuentra puesta en los pimpollos que aun no abren por completo sus pétalos.

¿De que estas hablando Karolina? — pude ver una sonrisa de malicia en aquella mujer.

Necesitaras un poco de ayuda — paso su pulgar por mis labios — ¿Quieres que me quede?

Que no escuchaste cuando dije que se largaran todos — tomo la muñeca de aquella mujer obligándola a soltarme — Eso también te incluye a ti.

Luego no vayas a buscarme, cuando esta no logre complacerte — Solo baje la mirada —Porque no pienso abrir mis puertas, ni mis piernas para ti.

Largate, Karolina.

Podía sentir la mirada de aquel príncipe sobre mi, al escuchar la puerta cerrarse solté un sollozo, al tener que enfrentar mi destino.

El príncipe no dudo en sujetarme del brazo, con fuerza, para levantarme del suelo, se encargo de que lo observara para demostrarme que nada le impediría tomarme. En sus labios se formo una sonrisa siniestra, no dudo ni un segundo en arrastrarme a la cama.

No...no, por favor — me rehusé a tener que dar otro paso — Por favor, su majestad.

Me arrojo en su cama, trate de levantarme pero el se puso sobre mi, mis golpes no le hacían nada, me lo dejaba saber con su sonrisa.

¡No….se lo suplico! —tomo mi blusa rompiéndola, dejando mis pechos al descubierto —¡No!

Logre sentir como sus manos comenzaron a recorrer mi piel desnuda, sus manos tocaban mis pechos presionándolos un poco.

¡No me toques! — logre empujarlo, logrando que cayera a un lado.

Me levante de la cama tratando de llegar a la puerta, pero el fue mucho mas rápido que yo. El príncipe me tomo de la nuca haciendo que lo mirara a esos ojos profundamente negros, trate de suplicar que me dejara ir pero todo comenzó a dar vueltas a mi alrededor, comencé a sentirme completamente débil, y de un momento a otro, todo lo que se encontraba a mi alrededor se oscureció.

Lentamente comencé abrir los ojos al sentir el dulce aroma de pan recién horneado, al incorporarme un poco caí en cuenta que me encontraba en una cama, con tan solo un camisón blanco.

Come — gire lentamente a aquel lugar de donde provenía aquella voz.

Logre sentir como me encontraba completamente desnuda bajo aquel camisón.

No te lo diré dos veces — se levanto caminando a donde me encontraba — Sera mejor que me obedezcas, no piensos pasar por alto tus ofensas.

Solo pude abrazar mis rodillas haciéndome una bolita en aquella cama, no quería verlo, no quería estar en este lugar.

No llores, maldita sea — pude escuchar como se alejo — No te hice nada, ya que te desmayaste antes de comenzar.

Tímidamente levante la mirada encontrándome aquellos ojos, aquella mirada tan oscura como el ala de un cuervo.

No iba a dejar que ensucies mi cama con lodo— camino hasta una mesa donde había un poco de comida, tomo unas uvas llevándoselas a la boca — Tienes que comer, te desmayaste porque te encontrabas muy débil —claro que tenia hambre, pero no quería comer nada que el me ofrezca —Come.

No, su majestad — tomo un racimo de uvas para caminar a donde me encontraba.

Abre la boca — baje la mirada pero el tomo mi mentón obligándome a abrir la boca — Te dije que abrieras la boca, ahora traga.

Era la primero que comía después de dos largos días, aquel sabor inundo mi paladar, quería mas de aquella fruta pero no me resultaba conveniente pedirle mas. Tomo mi mano para dejar aquel racimo de uvas, y caminar a la puerta.

Primero come — se quedo de espaldas, tomando una manzana para llevarla a la boca y darle una mordida — Antes que lo olvide. No intentes escapar, los guardias tienen ordenes estrictas de matarte si lo haces.

Después de comer lo que me había dejado en aquella mesa, me quede sentada en la cama abrazándome a mi misma, tratando de ocultar mis senos ya que aquel camisón era bastante trasparente. Solo podía observar la puerta conteniendo las ganas de salir corriendo, el había sido bastante claro si trataba de escapar me matarían.

Me quede en el mismo lugar hasta que pude escuchar como unos pasos firmes comenzaban a acercarse, el miedo termino invadiéndome provocando que me levantara rápidamente y me escondiera debajo de aquella cama. Vi como la puerta se abrió lentamente dejando ver aquellas botas que dieron pasos lentos hasta la cama, cerré los ojos rezando para que se vaya y me dejara sola, rezando para que no me hiciera daño.

Sera mejor que salgas de ese lugar antes de que me enoje — solo cubrí mi boca tratando de acallar los sonidos de mi respiración agitada — ¡Ahora!

Solo pude ver en silencio sus botas, dio unos cuantos pasos hasta el otro extremo de la cama, el miedo que me invadió en ese momento hizo que comenzara a llorar.

¡Estoy perdiendo la paciencia contigo! — solté un grito cuando tomo mi tobillo, para sacarme de mi escondite.

Trate de levantarme pero el tomo mi cabello para que me quedara en el suelo.

Quedate quieta — solo pude observar al suelo esperando lo peor — Ahora me dirás de donde sacaste aquellos escritos.

Solo pude guardar silencio, no sabia que responder en ese momento.

Sera mejor que hables, sin nombre — aun con mi cabello en su mano, llevo mi cabeza hacia atrás — ¿De donde los sacaste?

Yo...yo los escribí, su majestad — solté sin pensarlo.

¡Mientes! — jalo mi cabello — Una mujer no tiene el derecho de hacerlo.

Me levanto del suelo sosteniendo aun mi cabello.

Sera mejor que me digas la verdad en estos momentos — me obligo a mirarlo a los ojos — O no te gustara saber lo que soy capaz de hacerte.

Estoy diciendo la verdad, su majestad — aquel agarre era cada vez mas fuerte.

Como puedo creerte si lo primero que salio de tu boca fueron mentiras — me arrojo al suelo — Ademas una mujer no tiene permitido aprender sobre la escritura y la lectura, y menos si se trata de una simple huérfana.

Escuche los pasos de aquel príncipe alejarse, si tan solo podría probárselo trataría de convencerlo, para que me dejara libre.

Si pudiera demostrárselo — escuche como detuvo su andar — Me dejaría en libertad, su majestad.

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