Eryx DeCostello
New York
Esa tarde volví a mi oficina sintiendo el latir de mi corazón, esperando que Ava a pesar de que le dije que podía irse pudiera estar esperándome todavía. Subí a mi oficina gustoso y al bajar del ascensor de la Presidencia, caí en desanimo. Todo estaba en absoluto silencio.
–Que tonto fui, debí decirle que me esperara o insinuárselo.
Ella no estaba ya en su lugar y todo estaba cerrado y apagado como siempre lo dejaba yo. Entré a mi oficina, para tomar unos documentos de