Tenía que hacer algo… cualquier cosa
—Ya se te está acabando el tiempo.
La voz del viejo vidente era tan tranquila que, por un momento, casi no comprendí lo que había dicho. La luz de la luna se filtraba a través del techo roto del santuario abandonado donde estábamos, dibujando líneas plateadas sobre el suelo de piedra agrietado. El Festival de la Luna Azul había llenado la manada de música, risas y celebración, pero ninguno de esos sonidos llegaba a este lugar olvidado más allá de la aldea. E