El tiempo transcurrió muy lentamente para Jelena durante el mes que estuvo en Nueva York, se estaba volviendo loca recordando el pasado y sin nada más que hacer. No se atrevía a salir del hotel por temor de que alguien la reconociera o que Mikhail la encontrara sentía que aún no tenía las fuerzas para enfrentarlo. Su anfitrión, un hombre llamado Brett Forrest, era un individuo entrado en los cuarenta, amable, pero distante, que lo preparó todo para su estancia y, días más tarde, se marchó de la