51: Ese será nuestro trato.
Elian.
Desperté en un lugar que olía a estiércol, a ganado, pero especialmente, a cochino. No podía ver nada, pero el olor intenso me tenía mareado, al igual que el dolor en la parte izquierda en mi cabeza.
Por un momento agradecí darme cuenta que más allá de esos dos contratiempos no había ninguna otra herida en mi cuerpo.
Si me pensaban torturar, mi cuerpo estaba entrenado para soportarlo.
Entré a las Fuerzas Armadas, fui uno de los soldados más destacados, y las marcas cicatrizadas de superv