Mundo ficciónIniciar sesiónCapítulo 39
—¿A dónde vas?
Me quedé helada a mitad de una cepillada de cabello al escuchar la voz de Dylan. Ni siquiera me había dado cuenta de cuando entró a la habitación, de tan absorta que estaba mirando mi reflejo. Le eché una mirada rápida a través del espejo antes de volver a concentrarme en mi cabello, encogiéndome de hombros sin darle mucha importancia.
—A un bar —dije cortante.
—Tenemos bebidas aquí.
No le contesté de inmediato, pero tras una breve pausa, sacudí la cabeza. —Solo quiero despejarme. Salir de la casa. Ha pasado un tiempo desde la última vez que salí a tomar algo y solo... existir.
Escuché sus pasos acercándose, así que le metí prisa al cepillo. No quería que encontrara la forma de convencerme de no ir. Su reflejo apareció detrás del mío en el cristal. Estiró la mano y trazó una línea lenta y suave con su dedo a lo largo de mi columna; el vestido que había elegido no tenía espalda, dejando muy poco a la imaginación.
—Dylan, ya me voy —le advertí, presintiendo la dirección que estaban tomando sus pensamientos.
Soltó una risita baja y entrecortada. —No estoy haciendo nada —bromeó, aunque sus ojos decían todo lo contrario. Solo le puse los ojos en blanco. Claro, todavía no estaba haciendo nada. Simplemente estaba poniendo la advertencia sobre la mesa; de lo contrario, sabía perfectamente cómo iba a terminar esto: conmigo sin poder cruzar la puerta principal por culpa de sus... distracciones.
Honestamente, se estaba volviendo demasiado confiado. Era como si hubiera olvidado que todo esto era una fachada. Aquí no estaba Brielle para vernos jugar a los noviecitos.
—¿Quieres que te acompañe, o...?
Vuelví a encogerme de hombros. —Quiero estar sola. Regreso al rato, no te preocupes. Solo me voy a tomar un par de tragos y me regreso a la casa —le dije, intentando mantener un tono casual.
—¿Por qué? ¿Ya te estás cansando de mí?
Solté un suspiro pesado y me giré para quedar frente a él, arqueando una ceja. —Si estás intentando darme lástima para que te lleve, no te va a funcionar. Mira, solo necesito un cambio de aires. Tú tienes trabajo; yo no. Tú tienes cosas para mantenerte ocupado; yo no. Mi única emoción últimamente es esperar a que llegues a la casa. Me aburro, créelo o no.
Dylan solo me devolvió el gesto encogiéndose de hombros, con una sonrisa ligera y cómplice dibujada en los labios. Antes de que pudiera reaccionar, se inclinó y me dio un beso rápido —apenas un roce de sus labios contra los míos— antes de alejarse. Mantuvo esa misma sonrisa exasperantemente atractiva en el rostro.
—Lo entiendo. Por eso no te voy a detener —dijo con tranquilidad. Sentí que me quitaba un peso de encima. A decir verdad, me esperaba una pelea... no porque necesitara su permiso. Soy una mujer adulta y tomo mis propias decisiones, pero se sentía bien no tener ese conflicto.
—¿De verdad estás bien con que vaya sin ti? —pregunté, desviando la mirada para ocultar mi ligera sorpresa.
Lo vi asentir en el espejo. —Confío en ti, Kaia. No harías nada que me hiciera perder la cabeza, ¿verdad?
—¿Eso es una pregunta?
Soltó una risa suave ante mi sarcasmo, pero no presionó más. Suspiré, sintiéndome un poco más relajada. —Regreso pronto. Tampoco planeo ponerme hasta atrás. Solo es para reiniciar el chip.
—Ya sé, ya sé —murmuró, mientras sus dedos jugueteaban distraídamente con un mechón de mi cabello—. ¿De verdad estás tan aburrida aquí? ¿Quieres ir a algún lado? Puedo pedir unos días de mis vacaciones si quieres hacer un viaje conmigo.
Me di la vuelta de golpe, con los ojos abiertos de par en par. —¡¿En serio?!
Se rió de mi reacción, pero me dio un asentimiento firme. —Tú solo dime a dónde. Tengo bastantes días acumulados.
Arqueé las cejas, mirándolo verdaderamente confundida. —¿Por qué? ¿Acaso nunca pedías vacaciones antes? ¿Qué hay de ti y Brielle? ¿No viajaban ustedes dos?
—Ella no era mucho de viajar y yo siempre estaba ahogado en trabajo —dijo simplemente.
Solo asentí. Eso tenía sentido. En la preparatoria, Brielle nunca tenía historias que contar sobre las vacaciones de verano porque jamás fue de andar explorando. Bueno, ella y yo no podíamos ser más diferentes.
—¿Por qué? ¿A ti te gusta viajar al extranjero?
Asentí lentamente. —Yo siempre era esa niña a la que todos le pedían historias después de las vacaciones. Me encanta. Me fascina estar en cualquier lugar que no sea aquí —admití con una pequeña sonrisa.
—Pensé que tú y tu papá no se hablaban. ¿Con quién viajabas? ¿Con tu mamá?
Sacudí la cabeza. —Llevo viajando sola desde los quince años, Dylan. Mis parientes solo me recogían en el aeropuerto y de ahí yo me iba por mi cuenta. La secretaria de mi papá reservaba todo... como relojito, cada año. Cumpleaños, Navidad, Año Nuevo, graduación... yo siempre estaba en algún otro lado.
—¿No pasabas las fiestas con nadie?
Dudé. Sabía que la respuesta probablemente le iba a molestar. Solté un respiro y solo me encogí de hombros, tratando de matar la conversación antes de que tomara un mal camino.
Él suspiró y su voz bajó un tono. —Así que sí las pasabas con alguien.
Me quedé callada y me puse de pie. No quería empezar una discusión justo antes de salir. Sabía que se iba a encabronar si le mencionaba que por lo general Aziel era el que estaba conmigo. Es mi mejor amigo; es normal pasar las fiestas con tu mejor amigo, ¿no? Normal para mí, tal vez, pero Dylan odiaba a Aziel con pasión.
Qué desmadre.
—Ya me voy. ¿Estás seguro de que no vas a aplicar la tarjeta de 'sobreprotector' para detenerme? —le pregunté, levantándole una ceja.
Él se rió. —¿Tengo algo de qué preocuparme?
—De nada en absoluto —respondí con frialdad.
Él sonrió. —Entonces ve. Pero...
—Sabía que había un truco. ¿Cuál es la condición? —pregunté, poniéndole los ojos en blanco.
Dylan soltó una carcajada. —Solo llámame cuando estés lista para regresar para que vaya por ti. No tienes tu coche y no te voy a dejar manejar el mío si estuviste tomando. Es peligroso.
—Puedo pedir un Uber...
—Es peligroso —interrumpió. Dio un paso al frente y deslizó sus manos por mi cintura para pegarme por completo a su cuerpo. Me quedé sin aire en cuanto nuestros cuerpos chocaron. Se inclinó, buscando mi mirada.
Tragué saliva con dificultad. De verdad, este hombre. Me hacía dudar de si realmente quería ir al bar o si debía quedarme aquí mismo. ¿Para qué gastar energía en el tráfico y lidiar con desconocidos cuando podía terminar agotada justo aquí...?
—Te estás derritiendo, amor.
Su voz me sacó de mi pequeña fantasía. Le lancé una mirada asesina, lo que solo hizo que se riera más fuerte. —En tus sueños —murmuré.
—Paso por ti, ¿okay? Nada de pedir aventón con desconocidos. Toma con medida. Si no sé nada de ti para en la mañana, voy a ir a catear cada bar de la ciudad...
—¡Ya, ya! Dios, de verdad te tomas muy en serio todo el jueguito de Teniente, ¿verdad? ¿Ahora andas de patrullaje? —bromeé, pero su expresión se mantuvo seria. Suspiré—. Ni una broma se puede hacer contigo. Está bien. Te mando mensaje. Deja de ser tan paranoico.
—Ya dije lo que tenía que decir...
—Espera —lo interrumpí, mirándolo fijamente—. Tienes turno mañana, ¿verdad?
Asintió lentamente. —Sí, ¿por qué?
—Si vas por mí a una hora desastrosa, vas a andar deshecho. Mejor duérmete. Pido un coche de regreso. No quiero que te andes durmiendo en la comisaría mañana.
—Estoy entrenado para mantenerme despierto en servicio, Kaia. Tu seguridad es mi prioridad. ¿Entendido?
Terminé haciendo un berrinche con la boca, sabiendo que me había ganado la discusión. De todos modos era verdad. Nos quedábamos despiertos hasta el amanecer haciendo... otras cosas, y él seguía viéndose fresco como una lechuga a la mañana siguiente mientras yo andaba arrastrando cobijas.
Qué envidia.
—Ya me voy. Te mando mensaje. ¿De verdad me vas a dejar ir?
Dylan gimió. —Te juro que si me preguntas una sola vez más, ahora sí le voy a poner seguro a la puerta —dijo, sacudiendo la cabeza. Me reí y le di un rápido asentimiento. Mensaje recibido.
—Bueno. Ya me voy —dije, intentando zafarme, pero su agarre en mi cintura no cedió. Lo miré hacia arriba—. ¿Me vas a soltar o qué?
Soltó una risita suave. —Olvidaste mi beso.
—Dylan, me vas a echar a perder el labial.
—Yo te lo arreglo —susurró, y de inmediato sus labios estuvieron sobre los míos. Esto no fue como el beso rápido de hace rato. Este fue hambriento, profundo y demasiado convincente. Era el tipo de beso que me hacía considerar seriamente cancelar todos mis planes.
Después de unos minutos, finalmente me soltó. Se me quedó viendo mientras yo intentaba recuperar el aliento, con una sonrisa autosuficiente en el rostro. —Ups. Creo que lo arruiné... ¿un poquito?
Me giré hacia el espejo y solté un chillido de frustración. Tenía el labial corrido por media cara. —¡Dylan! ¿Es en serio? —me quejé, mientras él solo se quedaba ahí parado riéndose.
—Aprecia mi obra de arte —bromeó, señalando mi boca.
Solté un gemido, sacudiendo la cabeza mientras empezaba a arreglar el estropicio. Besaba bien... demasiado bien. Y yo sabía exactamente lo que estaba haciendo. No quería que me fuera, solo no quería admitirlo. Típico de él.
—Te me portas bien allá afuera, ¿sale? Si llego y veo a algún güey rondándote...
—¿Por qué no vienes conmigo mejor? —pregunté sarcástica, retocándome el maquillaje—. Tienes mucho que decir, mejor acompáñame.
Se rió. —Nah. Disfruta tu noche. Yo solo me quedo despierto esperando tu llamada.
Lo volví a mirar. —¿Quedarte despierto? Te vas a dormir, Dylan. Tienes trabajo. A menos que quieras andar hecho un zombi mañana, vete a la cama. Te marco para que escuches el timbre.
No discutió, solo se encogió de hombros sin comprometerse. Suspiré. Como sea. Si quería andar molido mañana, era su problema. Yo no era la que tenía que ir a la estación.
—Ahora sí ya me voy...
—Beso.
Le dediqué una mirada seria. —Eres un adicto. Y solo me vas a volver a desbaratar la cara. Te doy tu beso cuando regrese. Vete a descansar. Voy a estar esperando a que pases por mí al rato, así que no te vayas a rajar.
—Por favor. ¿Con quién crees que estás hablando? Obvio voy a estar ahí. Tengo... planes para más al rato. No me los voy a perder.
Entrecerré las cejas. Le clavé la mirada. —¿Planes? ¿Qué planes?
Él solo me lanzó un guiño juguetón y una sonrisa burlona. Tragué saliva con dificultad. ¿Ahora con qué jalada me iba a salir? Le encantaba guardarse sus secretitos, pero sabía que tarde o temprano me terminaría enterando.
Finalmente me di por vencida y me despedí. Esta vez sí me dejó ir. Me acompañó hasta la banqueta y esperó hasta que me paró un taxi. Le dije que yo podía hacerlo sola, pero no me hizo caso.
—Me mandas mensaje cuando llegues —ordenó antes de que me deslizara en el asiento trasero.
Le puse los ojos en blanco. —Eres peor que mi papá, al chile. Ya mejor ven conmigo.
No me respondió. En su lugar, se inclinó hacia la ventana del chofer. —Me la cuida, jefe. Es re necia y no dejó que yo la llevara —le dijo al conductor. Yo solo sacudí la cabeza.
—¿Es su novia, patrón? —preguntó el chofer.
Me recargué hacia atrás y bostecé. Genial, ahora ya están haciendo plática. No vi si Dylan asintió o sacudió la cabeza. —Ya está, jefe. Yo le marco a la policía si pasa cualquier...
—Él es la policía —lo interrumpí. Le di al chofer una pequeña sonrisa orgullosa cuando volteó a verme. Se vio un poco sorprendido y se rascó la cabeza.
De hecho le hizo un pequeño saludo militar a Dylan, y tuve que ahogar una risa. Dylan traía solo una playera de tirantes y pants, no se veía precisamente como un agente de la ley en este momento. —Ah, caray. ¡Una disculpa, jefe! Ni se preocupe, yo le llevo a su muchacha sana y salva.
Vi cómo Dylan le entregaba un billete, mucho más de lo que saldría la tarifa. El chofer prácticamente se deshizo en agradecimientos. Solo me acomodé en el asiento y dejé que tuvieran su momento.
Dylan me lanzó una última mirada de advertencia antes de que el coche arrancara. Tal como lo prometió, el chofer iba manejando con extrema precaución. Dylan era tan paranoico. ¿De verdad pensaba que no podía cuidarme sola? Después de todos esos años sola, ¿creía que no había aprendido a defenderme? Soy capaz de mucho... incluso de lo impensable si me provocan, aunque nunca he llegado a tanto. Tengo conciencia, pero sé de lo que soy capaz.
Pero no se lo dije. Honestamente, me gustaba lo sobreprotector que era. Aparte de Aziel, había pasado mucho tiempo desde que alguien de verdad se preocupara por mí. Se sentía... bien. Reconfortante, incluso, saber que alguien estaba pensando constantemente en mi seguridad.
El trayecto fue tranquilo. El chofer parecía un poco intimidado sabiendo que mi "novio" era policía. Nota mental: es una excelente estrategia para viajar en silencio.







