Cariza.
De un jalón rompo su bikini, bajo mi bóxer y ya rígido froto mi erección contra su entrada.
—Aún sigue doliéndome— Susurra contra mis labios.
—Cuando el placer llegue, olvidarás el dolor, Mía moglie—Susurré excitado.
Le quito su sostén para llevar mi boca a sus pechos. Estos se endurecen al instante que los lamo. No son los más grandes que he visto, pero son perfectos y redondos.
—Arthur...
Sostengo sus nalgas para luego introducir mi pene en su interior.
—Te gusta chiquilla—gruño
Ella