Arthur.
—No me dejes sola—. Pide mi esposa ya nerviosa.
—No lo haré mi amor, estaré contigo hasta que nazca nuestro bebé.
Sonríe con lágrimas en sus ojos, beso su sien y froto su brazo, tratando de reconfortarla, me siento muy nervioso no quiero que le pase nada a ella y a mi hijo.
—¡Ah! Ahora sí creo que va a nacer—. Se queja apretando mis manos.
La obstetra mira la máquina que marca los latidos del bebé, se acerca a mi esposa, le toca el vientre y le dice que le hará un ultrasonido para