15. Una noche apasionante
La había llamado hechicera, pero él era un mago por lo que estaba haciéndole sentir. Tenía la piel resbaladiza por el sudor y, con la voz entrecortada ante sus movimientos cada vez más rápidos y desesperados. Se movía dentro de ella con una rapidez exquisita, tocaba sus terminaciones nerviosas y la hacía temblar.
Estaba tan excitada que no podía creer que hubiera pasado mucho tiempo sin experimentar aquello, él la sujetaba de las caderas y la penetraba más y más profundo, su sexo estaba palpita