Capítulo noventa y ocho: Esa es mi mujer
“Narra Harry Mascherano”
No me canso de besarla. Mi boca sigue pegada a la suya durante todo el trayecto hasta el hotel e incluso mientras subimos a la suite de oro por el ascensor.
Debería amarrarla en cuatro patas a la cama y azotarle el culo tan bonito que tiene por ilusa y mentirosa. Aprovechó que no podía acompañarla a este desfile en Nueva York para maquinar a mis espaldas. ¡Me la jugó! ¡Y con la ayuda del maldito Nathan Watson! Sin embargo, la de