Capítulo noventa y tres: ¿El cielo o el Infierno?
Harry Mascherano
Estoy camuflado en una esquina del bar, la copa en mi mano, el líquido rozándome los labios y no consigo apartar los ojos de ella.
Es perfecta para mí. Toda mía y creada a mi manera.
La entrepierna se me pone dura y cruzo las piernas a la altura del tobillo para no perder la postura desgarbada que finjo tener porque en el fondo estoy ansioso por volver a estar a solas con ella. La deseo… todo el tiempo.
Ella lo sabe, me mira y