“Vengo a ver a Mac Harlow.”
La voz de Marshall cruzó el vestíbulo como siempre lo hacía. Fácil. Sin prisa. La voz de un hombre que nunca en su vida había dudado de que las puertas se abrirían para él.
Cloe estaba parada junto al ascensor y no se movió.
Había escuchado las palabras de Paul treinta