“Esa es su letra,” dijo Eleanor, muy suavemente. “Daniel Pierce. No he visto esa letra en cincuenta años.”
“Lo conociste,” dijo Daniel. No era del todo una pregunta.
“Lo conocí,” dijo Eleanor. Su voz apenas estaba ahí. “Antes de todo. Antes del padre de Sandra. Tenía diecinueve años. Íbamos a.” Se