Mundo ficciónIniciar sesión{ Mansión Valentino }
—¿De verdad tengo que pedir el divorcio esta noche? —preguntó Olivia, todavía apoyada contra Luca.
Ambos estaban conversando en el jardín de la mansión.
—Por supuesto. ¿O acaso piensas seguir dejando que Rocco te bese? —respondió Luca.
—¡No! Lo único que intento decir es que todo esto está pasando demasiado rápido. Hace apenas unas horas, en el hospital, le estaba diciendo cuánto lo había extrañado y ahora, de repente, voy a pedirle el divorcio. Le parecerá muy extraño —explicó Olivia.
Luca la observó fijamente, estudiando cada una de sus expresiones antes de preguntar:
—¿Por qué tengo la sensación de que no quieres pedir el divorcio?
Luca tenía razón.
Una parte de ella se resistía a pedirle el divorcio a Rocco, y lo peor de todo era que ni siquiera entendía por qué.
Al diablo con todo.
Lo mejor que podía hacer era salir de allí antes de que las cosas se complicaran aún más.
Dejando escapar un suspiro, dijo:
—Está bien. Si voy a pedir el divorcio, ¿cuál será exactamente mi motivo? Porque estoy segura de que tu hermano querrá saber por qué quiero divorciarme.
—¿Qué tal si usas el viejo truco de la infidelidad? Hazle creer que su matrimonio se vino abajo porque te engañó con una tal Isadora —inventó Luca.
—¿Así que ahora vamos a involucrar a un personaje ficticio en todo esto? —preguntó Olivia, sin darse cuenta de que Isadora no era un personaje inventado, sino una persona real. Luca tampoco se molestó en corregirla.
—Está bien. Le pediré el divorcio después de la cena. Ahora suéltame.
Lo empujó con fuerza y Luca finalmente la dejó ir.
Después de cenar, Olivia se dirigió a la habitación de Rocco.
Llamó a la puerta, esperando que ya estuviera dormido y no la oyera. Pero cuando escuchó que él le decía que entrara, comprendió que ya no tenía sentido seguir posponiéndolo.
Al entrar en la habitación, lo encontró sentado en una silla de ruedas, desnudo de la cintura para arriba y vistiendo únicamente el pantalón del pijama.
Su torso quedó completamente expuesto ante sus ojos.
Vaya cuerpo..., pensó Olivia mientras su mirada recorría lentamente sus abdominales perfectamente marcados y sus músculos.
—Por mucho que me guste ser el centro de atención, voy a tener que pedirte que vuelvas a la realidad —dijo Rocco, sacándola de sus pensamientos.
—¿Podrías ayudarme a ponerme esta camisa? Con esta silla de ruedas es bastante complicado.
—Claro.
Olivia tomó la camisa y lo ayudó a ponérsela. Luego se agachó frente a él para empezar a abotonarla.
Aún estaba cerrando los botones cuando, de repente, él la levantó y la acomodó sobre su regazo.
—Así es mucho más cómodo.
Mientras hablaba, rodeó su cintura con ambos brazos.
—Yo no...
—Solo termina de abotonarla —la interrumpió, apretando un poco más el abrazo cuando ella intentó levantarse.
Olivia continuó abotonando la camisa, sintiendo la intensa mirada de Rocco sobre ella.
Era como si estuviera memorizando cada rasgo de su rostro, y eso solo conseguía ponerla más nerviosa.
Y, por la expresión de complicidad que había en su rostro, era evidente que él podía notar perfectamente su incomodidad.
Lo más caballeroso sería dejarla ir.
Pero, en lugar de hacerlo, se inclinó hacia ella. Su aliento rozó suavemente su cuello mientras inhalaba el aroma de su piel.
—¿Sabes que hueles delicioso? —murmuró junto a su cuello, antes de rozar con la lengua el punto donde latía su pulso.
Olivia se estremeció sobre sus piernas.
Su cuerpo reaccionó de inmediato a aquel contacto mientras percibía claramente la erección de Rocco bajo ella.
No tenía mucha experiencia con los hombres, pero había estudiado suficiente biología en la escuela como para reconocer cuándo un hombre estaba excitado.
Y Rocco, sin duda alguna, lo estaba.
Aquello bastó para que se levantara de inmediato de su regazo y se alejara de él.
Había ido allí para pedir el divorcio, no para dejarse seducir por el apuesto demonio que tenía delante.
—¿Fui demasiado directo? Si fue así, entonces...
—Quiero el divorcio —soltó Olivia de golpe, interrumpiéndolo.
—¿Quieres el divorcio? —preguntó él, encontrando la voz después de permanecer en silencio durante cinco o seis minutos.
—Sí. La verdad es que vine aquí precisamente para pedirte el divorcio.
—¿Y puedo saber por qué quieres divorciarte?
—Antes del accidente descubrí que me estabas siendo infiel —comenzó Olivia, utilizando la excusa que Luca le había dado—. Me dijiste que no era nada serio, pero seguiste viéndola. Continuaste acostándote con ella mientras me mentías. Elegiste a tu amante una y otra vez, hasta que me cansé y me fui.
—Esa es la razón por la que nunca vine a visitarte hasta ahora —añadió, esperando que él creyera aquella mentira.
—Bueno... yo... realmente no lo recuerdo. Pero dime, ¿con quién te fui infiel?
—No sé mucho sobre ella, pero sí sé que se llama Isadora.
—¿Isadora...? —repitió en voz baja, intentando recordar.
Pero jamás podría hacerlo, porque Isadora ni siquiera era real.
—No sé cómo vas a hacerlo, pero quiero el divorcio. Me debes eso después de todo lo que me hiciste pasar.
Cada mentira que salía de su boca hacía que se odiara un poco más.
—Es tarde y ya dije todo lo que tenía que decir. Buenas noches.
Sin esperar respuesta, salió rápidamente de la habitación.
No esperaba que todo fuera tan sencillo.
Pero lo fue.
Y muy pronto, por fin podría marcharse de aquel infierno.







