CAPÍTULO 2

Mientras Luca y el mayordomo Silas conversan, lo único en lo que Olivia puede pensar es en que Rocco Valentino está despierto.

Una cosa es fingir que eres la esposa de un hombre en coma, pero cuando dicho hombre despierta, eso es algo que ella simplemente no puede hacer.

Saliendo del auto, comenzó a caminar hacia la salida, ignorando los llamados de Luca.

—¡¿A dónde cojones vas?! —le gritó Luca cuando logró alcanzarla.

—¿No lo escuchaste? Rocco está despierto. Todo terminó.

—¡Aquí no ha terminado nada! —espetó él, apretando con fuerza el agarre en su muñeca—. Escúchame, puede que esté despierto, pero eso no cambia las cosas. Nuestro plan seguirá adelante sin importar qué —sentenció Luca antes de recibir una llamada.

Media hora más tarde, Olivia siguió a Luca al interior de un hospital que lucía sumamente lujoso. Lo vio hablar con la enfermera de la recepción antes de avanzar por el pasillo, haciéndole una seña para que lo siguiera.

—¿Cómo puedes seguir con esto ahora que Rocco despertó? Está claro que sabrá que estamos mintiendo —dijo Olivia mientras el ascensor los llevaba rápidamente al séptimo piso.

—No lo sabrá —respondió Luca con calma—. Según lo que me dijo mi madre de camino aquí, Rocco efectivamente despertó, pero sufre de pérdida de memoria parcial.

—¿Pérdida de memoria parcial?

—Cortesía del accidente de hace un año. Ha perdido parte de sus recuerdos, lo cual es una gran ventaja para nosotros.

—No puedo creer que todavía quieras que le mienta a tu hermano. Ahora que está despierto, ¿no puedes simplemente hablar con él sobre el dinero? Estoy segura de que ustedes dos...

—¡De ninguna manera voy a rogarle a Rocco por un dinero que debería ser mío! —la cortó él bruscamente.

Las puertas del ascensor se abrieron, poniendo fin a la conversación.

—Mi madre y mi hermana están ahí dentro con él; espera aquí hasta que te llamen —le informó Luca antes de entrar a la habitación.

Olivia se sentó en una silla vacía fuera de la sala, debatiéndose sobre qué hacer. Si entraba allí fingiendo ser la esposa de Rocco, ya no habría marcha atrás; pero si se marchaba ahora, todavía tendría una oportunidad.

Irse era lo mejor que podía hacer en este momento.

Se levantó y se dispuso a marchar, pero se detuvo en seco al escuchar que la llamaban por su nombre. Al darse la vuelta, vio a la hermana de Luca, la joven que había visto subir al auto antes, parada en el umbral de la puerta.

—Tú eres Olivia, ¿verdad?

—Sí, yo...

—Entra. Mi hermano quiere verte —dijo, interrumpiendo a Olivia.

«Ahí va mi plan de escape», pensó mientras seguía a la belleza de ojos oscuros al interior de la habitación.

Le sudaban las palmas de las manos al adentrarse en la costosa suite médica. Notó a Luca apoyado contra la pared, observándola, y luego a la mujer mayor —a quien reconoció como la madre de Luca— de pie junto a la cama, también mirándola. Sin embargo, quien captó por completo su atención fue el hombre sentado en la cama, con la mirada clavada en ella.

Las fotografías no le hacían justicia, porque ¿cómo era posible que fuera tan jodidamente atractivo? Había leído en el expediente que le dio Luca que las mujeres se le amontonaban en cuanto tenían la oportunidad. Le había parecido exagerado que alguien poseyera tal magnetismo, pero ver a Rocco Valentino en persona la hizo cambiar de opinión.

—Tú eres Olivia Dante, ¿cierto? —preguntó Rosalie Valentino, la madre de Luca.

—Yo... sí —respondió Olivia, desviando la mirada hacia Rocco solo para encontrarse con que sus ojos azul océano seguían fijos en ella.

¿Tenía algo en la cara?

Su teléfono vibró. Al sacarlo, vio la foto de su hermano Julian atado, con un arma apuntándole a la cabeza. Debajo de la imagen, había un mensaje de texto de Luca.

LUCA: No hagas nada que los haga dudar de ti. Da lo mejor de ti para convencerlos o tu hermano pagará las consecuencias.

Olivia dirigió la mirada hacia Luca, quien seguía apoyado contra la pared con una expresión de advertencia.

—¿Te encuentras bien? —preguntó Rosalie, y Olivia lo único que pudo hacer fue asentar con la cabeza.

El miedo y los nervios que sentía por su hermano hicieron que se le saltaran las lágrimas. Fue por esa misma razón que terminó acortando la distancia entre ella y el dios de ojos azules que tenía enfrente, rodeándole el cuello con los brazos para darle un abrazo.

Con las lágrimas rodando lentamente por sus mejillas debido al pánico por la vida de su hermano, dijo:

—Te extrañé tanto. Me alegra tanto que hayas despertado.

Él no le devolvió el abrazo, lo cual fue un alivio ya que ella lo habría odiado; pero cuando se separó y él le limpió con delicadeza las lágrimas de la mejilla, Olivia se descubrió buscando el calor de su mano. Se sintió cálido y reconfortante. ¿De verdad este era el hombre al que todos tildaban de frío, distante y mujeriego?

—¡Ja! ¿Lo extrañaste y aun así no apareciste en todo un año? —soltó Maria, la hermana menor de Luca y Rocco, desde donde estaba de pie.

—Maria —la llamó Rosalie con tono de advertencia.

Sin embargo, Maria ignoró a su madre, lanzándole una mirada furiosa a Olivia antes de continuar:

—Eres su esposa y no te apareces en un año, y de pronto, justo cuando despierta, decides presentarte. Qué conveniente para ti.

—Cállate, Maria —le espetó Luca.

—¿Por qué demonios tendría que callarme? ¡Por lo que sabemos, bien podría ser una cazafortunas!

—¡Ya te dije que no lo es! Trajo su certificado de matrimonio y tiene pruebas de que es la esposa de Rocco —le gritó Luca a su hermana.

—Pues yo no me lo creo, y más vale que tú tampoco te lo creas, Rocco —dijo Maria, girándose hacia su hermano mayor, quien, por cierto, no había dejado de mirar a Olivia.

Ella lo miró, preguntándose por qué no decía nada, solo para encontrarse de nuevo con su mirada fija en ella.

—Lamento si mi hija es grosera, pero no puedes culparnos por encontrar esta situación un tanto...

—Lo entiendo, señora Valentino. Yo también tendría mis dudas si estuviera en su lugar —dijo, deteniéndose para tomar la mano de Rocco que descansaba sobre la cama.

Él clavó la mirada en sus manos unidas antes de volver a mirarla a los ojos.

—Pero Rocco y yo sí nos casamos hace un año. Fue dos meses antes del accidente; estábamos locamente enamorados. No sé si lo recuerdes, pero en nuestra primera cita me dijiste que habías estado obsesionado conmigo desde la primera vez que me viste, y desde entonces no pude resistirme a tu encanto —dijo, asegurándose de no sostenerle la mirada al hombre sentado frente a ella para evitar que adivinara su mentira.

Sin embargo, en ese preciso instante ocurrió algo más. Sintió que los dedos de Rocco se cerraban con fuerza alrededor de los suyos. Al mirarlo, vio que él contemplaba sus manos entrelazadas antes de subir lentamente la vista hacia ella. Era como si le estuviera enviando un mensaje. Un mensaje que decía que le gustaba la sensación de tener su mano entre las suyas.

—Yo no...

—Ya es suficiente, Maria —pronunció Rocco por primera vez desde que ella entró a la habitación, con una voz profunda, tersa y agradable al oído.

—Rocco, tú...

La puerta se abrió y dos médicos, acompañados por un par de enfermeras, entraron al cuarto. Al tratarse de la gran familia Valentino, todos en el hospital, incluido el director, estaban a su entera disposición.

—Lo lamento, señora Valentino, pero necesitaré que todos se retiren, ya que el señor Rocco necesita descansar —informó el médico a cargo.

Viendo esto como su oportunidad para escapar, Olivia se dispuso a irse, pero la mano de Rocco se apretó con más fuerza sobre la de ella.

—Continuaremos esta conversación pronto —dijo él, mirándola fijamente.

—Nosotros...

—El doctor necesita que descanses, hermano. Yo llevaré a Olivia a mi casa —intervino Luca, tomando a Olivia del otro brazo antes de sacarla de la habitación.

—No creo que pueda seguir con esto —dijo ella en cuanto estuvieron afuera.

—¡Baja la voz! Todo salió bien allá adentro, no lo arruines —siseó él entre dientes—. Ve a esperarme al estacionamiento, necesito hablar con mi madre.

Olivia hizo lo que le pidió y se dirigió de vuelta al ascensor, que la llevó de regreso a la planta baja. Iba de camino al estacionamiento cuando su teléfono comenzó a sonar.

—Soy yo, Julian.

—¡Dios mío, Julian! ¿Estás bien? ¿Te hicieron daño esos hombres? —exigió saber Olivia.

—No me hicieron nada porque logré escapar. Escucha, sé que estás en Milán ahora mismo haciendo lo que ese psicópata de Luca te ordenó. Pero quiero que te vayas de ese lugar; toma el primer vuelo y vete.

—No puedo, Luca va a...

—No va a poder hacer nada. Estoy con Matilda en este momento y vamos camino a un lugar seguro. Así que sal de ahí tú también, no dejes que te use —le dijo Julian.

—¿Estás seguro de que ustedes dos van a estar a salvo? —preguntó Olivia.

—Lo estaremos. ¡Saca el trasero de ahí de una vez! —le ordenó Julian.

Así que, en cuanto colgó la llamada, salió corriendo del estacionamiento. Le hizo la parada a un taxi que pasaba por ahí y este la llevó directo al aeropuerto...

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