— Niños no vengan, quédense en su habitación – Grace enseguida les dijo a sus hijos que se acercaban a curiosear.
Por mucho que estuviesen pasados de copas por la fiesta, tanta algarabía, los había hecho despertarse.
— ¿Madre, no estaban ahí esos…?
— Cállate Alejandra, ni una palabra— Grace la agarró por el brazo, apartándola a un lado y susurrando
— No digan absolutamente nada a nadie, no sabemos lo que vamos a encontrarnos.
— ¿No me digas que Henry y esa mujer…? – Robert, la miró abriéndole l