―Tu ánimo está muy bajo, si no te sientes muy bien en casa, ¡cambia de lugar!
La miró fijamente durante un largo rato, luego de que ella se disculpó bajando la cabeza, suspiró y dijo con resignación.
Elena sonrió amargamente, ¿a dónde más podía ir?
―Gracias, estoy bien.
―No finjas estar bien. Recuerda, que sobre todas las cosas somos buenos amigos. Si no puedes más, o necesitas ayuda, no te preocupes puedes decírmelo.
La tomó del rostro, con expresión compungida. ―Viéndote así, de verdad me preo