Capítulo 98; La Jaula del Silencio.
Amaia despertó con un sobresalto, el frío del suelo la caló hasta los huesos. Intentó abrir los ojos, pero la luz tenue que entraba por los barrotes de la celda la deslumbró momentáneamente. Se llevó una mano a la cabeza, buscando alivio en su dolorido cuerpo. Cada rincón de su ser parecía quejumbroso, como si hubiera sido arrastrada por una tormenta y ahora se encontrara varada en medio de la nada. Con dificultad, se incorporó, notando la frialdad del cemento contra su piel, y se dio cuenta de