Quién dice que las mujeres no trabajan unidas cuando se trata de destruir a otra.
El jardín parecía arrancado de las páginas de un cuento absurdo y encantador.
Senderos de piedra blanca serpenteaban entre rosales perfectamente podados, formando laberintos que conducían a pequeños rincones ocultos repletos de flores imposibles. Hortensias azul zafiro convivían con tulipanes negros y enormes peonías color marfil, creando una explosión de colores tan vibrante que resultaba casi irreal.
Sobre el césped se alzaban mesas de té decoradas con manteles de encaje, porcelana pintada a