LAYLA
La casa era enorme y sorprendentemente bella. No me podía creer que mi sueño se hubiera hecho realidad: escapar de mi cautiverio en casa de mi padre con un hombre bueno que me diera una vida de princesa. Pensar que me pude quedar con el viejo y feo Abbas me erizaba la piel.
Entre más me emocionaba, más apretaba la mano de mi «esposo». ¡Qué emocionante era pronunciar esa palabra, aunque fuera en mi mente!
No comprendía su semblante melancólico y abatido. ¿Mi ausencia lo había torturado ta