PILAR
Entrar al salón de baile del brazo de Mario es una declaración de intenciones que jamás en un millón de años pensé que haría, pero es una que hacemos de inmediato.
Apenas el frío del vestíbulo queda atrás, cientos de pares de ojos se giran hacia nosotros, absorbiendo la imagen de mi brazo entrelazado con el suyo y su absolutamente deslumbrante sonrisa de un millón de vatios. Yo también estoy sonriendo, pero es tanto por incredulidad como por cualquier otra cosa.
Ese beso fue un relámpago