Punto de vista de Damien
La sala de espera del hospital olía a antiséptico y medicina.
—Sabes, si no nos hubieras abandonado, quizá esto no habría pasado.
Levanté la vista del teléfono y vi a mi madre, Margaret, sentada frente a mí, con los brazos cruzados y el rostro tenso, cargado de una ira apenas contenida.
—Mamá, la apendicitis no ocurre porque se mudaron a otro estado.
—No es eso lo que quise decir —respondió con voz cortante—. Si hubieras estado aquí, si hubieras estado pendiente como un