Esa noche, por primera vez en meses, dormí en paz.
Los días siguientes fueron sorprendentemente tranquilos. Me despertaba tarde, daba paseos lentos por el jardín y comía sin prisas. A veces, me sorprendía sonriendo sin razón, con mi mano siempre apoyada en mi vientre, como si tuviera miedo de que el bebé desapareciera.
“De verdad voy a ser madre,” susurré una tarde, riendo suavemente para mí misma.
Sofia no dejó de burlarse de mí. “¿Lo ves? Ya te ves mucho mejor.”
Asentí. Por primera vez, l