*—Sebastián:
La situación en casa era agobiante.
Sebastián se pasó una mano por la cara, cansado.
Iba de camino al trabajo con su ropa de gimnasio porque había sido un idiota miedoso que no había querido darle la cara a su esposa.
Estaba actuando como un imbécil y si Callen decidía dejarlo, lo tendría merecido.
¿Por qué no podía decirle la verdad? Todo podría resolverse si abría la boca, pero su miedo de perderla era tan grande, que temía hacerlo.
Sin embargo, aunque sabía que tenía que decirle