—¿Quieres que vaya vestida así? —Preguntó ella, rodeándolo con sus brazos y apoyando su barbilla en su pecho, mirándolo con esos hermosos ojos de cierva que serían su muerte.
—Quiero que te vistas así sólo para mí. Pero no te voy a poner ninguna restricción. Mi chica puede usar lo que quiera. Yo mismo me ocuparé de esos cabrones —dijo sombríamente, mirándola con esa mirada hambrienta.
—Lo estoy usando sólo para ti —dijo, y sus ojos parpadearon con tonos cobrizos. A ella le encantaba cómo él la