Ahora lo recuerdas.
—Tú eres el niño que estaba atado con cadenas de plata en ese momento —dijo Pablo con voz temblorosa al recordar esa noche.
Draken sonrió. No era una sonrisa ordinaria, sino una fría y escalofriante que incluso aterrorizo a los hombres de Pablo cuando retrocedieron temblorosamente. Pablo tragó saliva mientras el sudor le corría por la cabeza calva.
—E... ella —tartamudeó.
—Oh, ahora lo recuerdas —se rió Draken con frialdad cuando Pablo se estremeció.
—Yo... yo —tartamudeó. Había una mirada horr