Capítulo 47
Narra Paulina
Desde que explotó la sede de la organización, la casa se había llenado de un silencio incómodo. Todos caminaban con el teléfono en la mano, esperando noticias, y nadie se atrevía a decir en voz alta lo que realmente pensaba.
Encontré a Felipe en el jardín. Estaba apoyado contra una columna, mirando hacia la reja principal. Tenía los puños cerrados y la mandíbula tan tensa que parecía llevar horas sin relajarse.
Me acerqué despacio y tomé una de sus manos.
Él bajó la mi