CAPÍTULO 67
La llamada de Mariana me dejó mal y muy confundida.
Intenté seguir como si nada, pero mi tranquilidad no era verdad. Cada vez que me quedaba sola, volvía a escuchar su voz en mi cabeza, odie en la manera en la que se apropiaba de mi hijo.
No le devolví la llamada, no quería darle ese gusto de saber que me afectó.
Dos días después, Vicente llegó a verme a la oficina.
Entró como siempre, soberbio y seguro de sí mismo, cerró la puerta detrás de él y se quedó mirándome a los ojos
—Te ve