Palabras incorrectas

Edward me tapó la boca, haciendo una mueca de dolor, quizás le lastimé los oídos.

Qué delicado.

Después me arrastró consigo hasta una esquina cerca de la sala de juntas y me pegó a la pared, arrinconándome con su cuerpo esbelto y más alto.

En este piso se encontraban las oficinas del vicepresidente, el presidente de la compañía; contando con la sala de juntas y una que otra oficina de administración, también para eventos sumamente privados.

Había también un cafetín privado para las secretarias
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