Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa fresca madrugada dejaba sentir un viento delicioso y refrescante que regalaba caricias a flor de piel, la luz de la luna llena entraba filtrada entre las blancas cortinas que danzaban al vaivén del viento dibujando formas espectrales llenas de gracia, mirando aquel desolado y oscuro paisaje sentada en el balcón de sus aposentos, Isobel Bennet contemplaba la silueta lejana y difusa de la vieja abadía, aquella pintura, la primera que hizo cuando llego a Sibiu, segu&iacut







