Capítulo 180 —El Altar de la Triqueta
La noche había envuelto la mansión en un silencio denso, casi tangible. Dilan entró en el dormitorio principal con movimientos pesados; todavía cargaba con los restos de la frustración del día, una energía eléctrica que le erizaba el vello de los brazos. Se despojó de la camisa, dejando ver las cicatrices y los músculos tensos de su torso de Alfa, y se sentó en el borde de la inmensa cama. Observó a su compañera: Aurora estaba sumida en un sueño profundo, su