C132-VIVOS.
C132-VIVOS.
El auto seguía ganando velocidad, deslizándose sin control por la pendiente que conducía directamente al río Támesis.
—¡Lucien, no podemos pararlo! —gritó Grace, con los nudillos blancos por la fuerza con la que aferraba el volante. Las lágrimas nublaban su vista, pero no se atrevía a soltar el control del auto, aunque fuera inútil.
Él, con los músculos tensos y la mente trabajando a toda velocidad, miró hacia adelante. El puente que cruzaba el Támesis estaba a solo unos cientos de