23. Abandonada

Después de atarme la toalla me sentí obligada a abrir la puerta del cuarto de baño para salir. Harry estaba apoyado contra la pared del pasillo con los pies y brazos cruzados. Alzó la cabeza y me miró de pies a cabeza. Ahora que me fijaba, llevaba puesto un traje negro.

—¿Es que no piensa dejarme en paz ni en mi propia casa? — quejé —además ¿cómo has conseguido entrar?

—La próxima vez asegúrate de que la puerta esté cerrada—se incorporó. —Arréglate, nos vamos a la gala—dijo y yo lo miré
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