Llegué a la clínica y el ambiente era desolador, mi esposa y mis hijas corrieron a nuestros brazos y estallaron en llanto, era muy difícil tratar de mantenerse sereno. Kamila no hacía más que culparse por lo que le había pasado a nuestra hija, si ella supiera lo culpable que me siento yo, por no haberla protegido, nunca debí haber dejado que viajaran solos y nunca debí confiarme en esos desgraciados. Creo que tantos años fuera de peligro nos pasaron factura, pero eso no volverá a suceder… juro