Diamante no me observaba, sino que seguía incrustando su tacón en el abdomen de Dayana, en ese momento entendí que algo muy grave debía haber sucedido para que ella estuviese actuando de esa forma y les juro que temí por mi vida, no sabía si acercarme o dejar que ella resolviera este asunto por su cuenta.
—¡repite lo que dijiste! —yo no he dicho nada, ¡usted está loca! Suélteme por favor.
—¿estoy loca, dices? ¡Sergio dame tu arma! —mierda, no sabía qué hacer realmente, no quería que asesinara a