En mis treinta años no había estado con una mujer que pudiera amarrarme de esta forma, en este momento podría bajarle el mundo a Zafiro o matar a cualquiera que se atreviera a tocarla… No podía parar de gemir, sentí que mi cuerpo convulsionó, mi alma me estaba abandonando y estallé como nunca ¡joder…!
—no podía respirar, esta vez era yo el que había quedado fuera de combate.
—me dejé llevar luego de que mi esposo lo hiciera, pero él ni lo notó, había quedado totalmente desmayado y yo muy satisf