Marcó el número de Kai y finalmente respondió: —Teodoro—.
—¿Dónde coño te has metido? ¿Qué pasa? —gruñí, alejándome lo más posible del baño para que Sara no pudiera oírme.
—¿Entonces llegaste al búnker?—, respondió, dejándome muy confundido.
—Sí. ¿Cómo lo supiste?
Me froté la cara con la mano. —Kai, ¿de qué carajo estás hablando? No tengo tiempo para recordar—.
—Sé que te enojarás conmigo, pero estoy preocupado por ti, Teodoro. No has sido tú mismo desde que perdimos a Theo, y creo que si te da